MISTERIOS EVOLUTIVOS: ¡MALDITO CEREBRO QUE NOS FASTIDIA LA DIETA!

Empezamos una dieta, vamos comprobando nuestro peso con nuestra rutilante bascula de baño digital. Y, ¡maldición! ¡No estamos perdiendo peso! ¿Será que nuestra fantástica y hasta ahora fiable bascula de baño digital no funciona?

NO NOS ENGAÑEMOS, LA BASCULA DE BAÑO DIGITAL NUNCA MIENTE

La culpa de que no perdamos peso no se encuentra en nuestra bascula para baño y la explicación es un poco más enrevesada. Así que, ¿por qué hay tantas dietas que fracasan tan estrepitosamente?

El motivo se encuentra en un mecanismo evolutivo preparado para defendernos en épocas de hambruna. Claro, es tan eficiente que, ciertas dietas puede detectarlas como simple escasez alimentaria. Así que no, la culpa no es de la bascula digital de baño.

Y no, no es coña. Un equipo científico de la prestigiosa Universidad de Cambridge ha publicado un estudio que explica concienzudamente cómo NUESTRO PROPIO CEREBRO, ese traidor, pone en marcha todos sus mecanismos de defensa ante la falta de comida y, simplemente, nos boicotea nuestro tan bien diseñada dieta.

Clémence Blouet, una de las autoras del estudio explica más detalladamente que “las estrategias para perder peso pueden ser ineficientes porque el cuerpo funciona como un termostato y asocia la cantidad de calorías que quemamos a la cantidad que hemos comido” y añade: “Cuando comemos menos, nuestro cuerpo lo compensa y quema menos calorías, dificultando la pérdida de peso. Sabíamos que el organismo es capaz de regular este termostato calórico, pero el cómo lo consigue era un misterio”.

EL CEREBRO CONTRA LA BASCULA DE BAÑO DIGITAL

Estos investigadores han conseguido desvelar los secretos que se esconden tras este flagrante boicot de nuestro amado cerebro. Centrándose en una estructura situada en el hipotálamo y que interviene en la regulación de la cantidad de alimentos que ingerimos. Esta estructura consiste en un grupo de neuronas llamado AGRP (de su denominación en inglés: agouti-related neuropeptide neurons) y que al activarse provocan un aumento del apetito y al inhibirse lo disminuyen.

Con un curioso truco genético mediante el cual los autores del estudio consiguieron “apagar” o “encender” este grupo de neuronas, Blouet y su equipo estudiaron el comportamiento de ratoncillos colocados en unas cámaras especiales en las que podían medir su gasto energético en términos de temperatura, y donde se variaba de manera controlada la cantidad de comida disponible.

El experimento demostró que las neuronas AGRP no sólo regulan las ganas de comer, sino que también influyen en el gasto energético en función de la cantidad de alimento disponible, limitando el número de calorías quemadas y por tanto la pérdida de peso. En el momento en que volvía a aparecer comida, se interrumpía el efecto y el gasto energético recuperaba sus valores normales. Los ratoncillos también observaban indignados su bascula digital de baño sin entender que no tenía ninguna culpa…

En definitiva, ahora ya tenemos una nueva excusa cuando hagamos dieta y no nos funcione. Se trata de un mecanismo de defensa que ha perdurado a lo largo de toda la evolución para ayudarnos en las épocas de escasez y hambruna.